El sábado 11 de abril las Hermanas de María de la Provincia de Nazaret quisimos honrar a nuestra Madre y Reina en su Santuario Nacional en el marco de los 100 años de nuestra fundación.
De Santuario a Santuario
Muy temprano nos pusimos en camino hacia Luján. Quisimos unir Santuario y Santuario partiendo desde Nuevo Schoenstatt y desde nuestros centros en Buenos Aires para confluir -unas setenta hermanas- en la avenida que lleva hacia la Basílica. De este modo recogíamos el encargo de nuestro Padre y Fundador: él dijo justamente en Luján, en su primera visita al Santuario Nacional, el lunes 9 de junio de 1947: “Nuestros santuarios deben aportar vida a los Santuarios nacionales de los diversos países”.
Peregrinas hacia nuestra gran casa común
¿Qué mejor que llegar al Santuario Nacional, a la Patrona de nuestros caminos, andando palmo a palmo por esa tierra sagrada que María misma recorrió en sus andanzas nocturnas?
Nos acompañaba todavía el rocío matutino y se adhería en el calzado la hierba cortada hacía poco, junto con el polvo y la tierra húmeda.
¿Cómo no pensar entonces en la Virgencita que el Negrito Manuel encontraba por las mañanas con el vestido húmedo y los abrojos del campo prendidos en la trama de la tela?
Una Alianza, que incluye un intercambio muy particular
Tantas veces hemos escuchado hablar del intercambio de corazones con nuestra Mater ter Admirabilis, en el Santuario. En la oración de pequeña consagración le entregamos a María todo lo nuestro y ella nos regala a su vez, todo lo suyo. En la preparación a esta peregrinación, en esta oración tan querida para nosotras -y para todos los hijos de Schönstatt- escuchamos resonar el eco de aquella memorable frase del Negrito Manuel: “soy de la Virgen, nomás” por la que se entregó como “instrumento y posesión suya”. Y – por la sacramentalidad del tiempo- estando el 11 de abril en las vísperas del aniversario de la Consagración de niño de nuestro Padre y Fundador, conscientemente nos insertamos en aquella hora de alianza en la que Catalina Kentenich confió a su hijo a la Madre del cielo y el niño, conscientemente, abrazó esta alianza.
Este año en el que celebramos el centenario de nuestra fundación como Hermanas de María de Schoenstatt pudimos realizar un gesto muy elocuente que hizo posible por pequeñas puertas abiertas: no sólo pudimos entregarle una vez más cuanto somos y tenemos, sino que muy conscientemente le regalamos un nuevo vestido para su imagen peregrina, en el Santuario de Luján.
Ha sido un delicado detalle de la providencia que pudimos entregarle su nuevo y hermoso vestido, confeccionado por las Hermanas Carmelitas que viven junto al Santuario. El mismo lleva bordado un símbolo que nos identifica: el Santuario, con el símbolo del Padre; en su interior la sigla MTA en la que está integrada la cruz, tal como está expresada en el monograma que llevamos en el velo y azucenas que custodian el Santuario.
María, por su parte, nos confirmó en nuestra misión de ser su presencia viva en el mundo. Nosotras seguimos ofreciéndole nuestros pies, para que ella camine en nosotras por los senderos de hoy; nuestras manos, para que siga sanando las heridas del alma; nuestro corazón, para que siga regalando misericordia en un mundo que a menudo vive a la intemperie. Pero también queremos volver de nuestras tareas trayendo en nuestro vestido bendecido, los abrojos, el rocío y el polvo del camino recorrido, tal como ocurría en el manto sagrado de nuestra Señora.
De este modo, el intercambio “vestido por vestido” es una hermosa expresión de la Alianza que nos une a ella inseparablemente y nos permite ser esa luz de esperanza por la que clama el hombre de hoy.
Una celebración solemne, acorde al acontecimiento histórico en el que participábamos
Tuvimos el enorme regalo de participar de la santa Misa de 11.00 hs. presidida por Monseñor Jorge Esteban González, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata, miembro de la Federación de Presbíteros de Schoenstatt. Para nuestra sorpresa, nos invitó a encabezar la procesión de entrada junto con él, de este modo, una interminable fila de hermanas cruzó toda la basílica ante el asombro y la incontenible alegría de los fieles que participaban de la celebración.
En su homilía, entre otras cosas, expresaba Monseñor González: “Apenas unos pocos años después del nacimiento del Movimiento de Schoenstatt en Alemania (…), el P. José Kentenich buscó colaboradoras de tiempo completo. Su deseo era crear «un movimiento femenino autónomo e independiente» en el que las mujeres «tomen las riendas». Así el 1 de octubre de 1926, 18 jóvenes se ofrecen para llevar a cabo esta tarea. A pesar de la incertidumbre de la posguerra, abandonaron sus profesiones. Comenzaron en la más absoluta pobreza, pero con el entusiasmo y el idealismo necesarios para ser el germen de una comunidad novedosa. En su vocación por Schoenstatt como movimiento laico, querían llevar una vida consagrada a Dios similar a la de las órdenes religiosas, pero con el ritmo de vida y la espiritualidad de los laicos. Algo novedoso para la Iglesia antes del Concilio; aún no había, en su estructura, espacio para este tipo de comunidad y no había seguridad de que la aventura tuviera éxito. Sin embargo, apenas cinco años después de su fundación, en 1931, ya estaban presentes en unos cuarenta lugares de Alemania. El papa Pío XII en 1947 reconocerá la forma de vida de los «institutos seculares» y entonces se convertirán en el primer instituto secular alemán. Como vemos, Dios nunca deja de sorprendernos… cuando una Obra viene de su Providencia, no importa la pequeñez de sus instrumentos, ni las pruebas o dificultades que tengan que atravesar”.
En el ofertorio la Hna. Lourdes María López Manzur de 26 años acompañada por la Hna. Miriam Schegg de 93 años entregaron la lista de los nombres de todas las hermanas que conforman la Provincia de Nazaret. El obispo lo recibió y colocó la hoja debajo del nuevo manto, símbolo de nuestra ofrenda, ya preparado para vestir a la “pura y limpia Concepción”. De este modo la Providencia permitió sellar con ese gesto el lema que nos motivaba en la peregrinación “María, luz de esperanza, bajo tu manto, renueva nuestro sí”
Al finalizar la santa Misa llegó el momento tan esperado de reemplazar el vestido que la Virgen llevó todo el año pasado –marcado y gastado por el paso de los peregrinos y las huellas de infinidad de manos que en el correr del año, se posaron sobre la tela agradeciendo, suplicando…
El obispo, secundado por la Hna. Cecilia María Flecha Cosp, Superiora Provincial de las Hermanas de María y el Rector del Santuario de Luján, Padre Lucas García, hicieron el cambio de vestido. Con una hermosa oración rezada por todas las hermanas, cerramos ese inolvidable momento.
Este 11 de abril, en las vísperas del día de la consagración de nuestro Padre y Fundador, como niño, a la Santísima Virgen, en la octava de Pascua, quedará vibrando en nuestra alma. María misma, con su manto de Luján, con su vestido virginal, quiso renovar nuestra vocación, quiso infundirnos nueva valentía para seguir cruzando el territorio argentino, a lo largo y a lo ancho, para seguir siendo peregrinas “en salida”, conduciendo a su Hijo a quienes nos ha confiado. De este modo sigue resonando en nuestros labios la oración de nuestro Padre y Fundador, tan querida para todos nosotros: “Aseméjanos a ti y enséñanos a caminar por la vida tal como Tú lo hiciste, fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz, y alegría. En nosotras recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús”.










