31.05.2020

El milagro de Pentecostés

de Hna. Mónica María Quintanilla, España

¡Ven Espíritu Santo! 

La venida del Espíritu Santo en Pentecostés coincide este año con la finalización de este mes de Mayo tan especial y diferente que hemos vivido en medio de esta pandemia.  Sin duda que durante el confinamiento todos hemos experimentado fuertemente nuestra debilidad y pequeñez, también posiblemente hemos tenido miedo, inseguridad, desconcierto… y tantos sentimientos más.

Hoy María nos cobija de manera especial bajo su manto,

y al igual como lo hiciera antaño con los apóstoles, acoge nuestra debilidad e implora, con nosotros al Espíritu Santo prometido.

El P. Kentenich nos dice:
“Esperamos el milagro de Pentecostés.  ¡Si se nos concediese ese milagro en la misma plenitud en la cual lo recibieron los apóstoles…!  ¿Habremos de anhelar tanto? Lo que obtuvieron los apóstoles de una sola vez, nosotros lo vamos recibiendo gota  agota, año tras año.

Al disponernos a celebrar Pentecostés, recordemos que el milagro de la fiesta depende del grado de nuestro anhelo y del grado de nuestra confianza.    ¿Tenemos motivos para esperar que el milagro de Pentecostés sea, en este año, mucho más intenso que en otros?  Sí, porque nos unimos más estrechamente a la Santísima Virgen.” (P. José Kentenich, 1930, textos del libro: “Envía tu Espíritu”,  Capitulo 1, Editorial Patris, 1998)

En todo este mes nos hemos unidos más estrechamente a María, una y otra vez hemos llegado hasta Ella con nuestras flores físicas y espirituales.  La Santísima Virgen hoy transforma en su Santuario todos esos regalos de amor en vivas imploraciones al Espíritu Santo, así dispone nuestro corazón para la irrupción divina en nuestras vidas.

¡Abramos nuestro corazón a este prometido milagro de Pentecostés! Sin duda que tenemos muchos motivos para esperar que el milagro sea, en este año, mucho más intenso que en otros.  Unámonos en la súplica por la venida del gran Consolador y confiémosle a Él nuestras vidas, a las personas que llevamos en nuestro corazón y de manera especial el presente y futuro de nuestro mundo en este nuevo comenzar…

¡Envíanos tu Espíritu Señor y renueva la faz de la tierra! 

La faz de nuestra sociedad, de nuestros hogares, de nuestros corazones.
Agradezcamos en este día por el “milagro de Pentecostés”.