21.02.2020

Por primera vez en Schoenstatt

Hna. Márcia Carmo da Silva

El cumplimiento de un sueño

Una gran expectativa movilizaba los corazones de ocho Hermanas de María de Brasil al comienzo del año: viajan en enero a Schoenstatt para realizar allí un tiem­­po de formación. Allí pueden visitar el santuario original, conocer directa­men­te la “cuna” de Schoenstatt.

“Visitaremos el santuario original, conoceremos la cuna de la Obra de Schoen­statt, peregrinaremos a la tumba de nuestro Padre y Fundador. Visitaremos el san­tuario del Jardín de María en el Monte Schoenstatt, viajaremos a Gymnich y Dachau, y a otros lugares históricos de la Obra de Schoenstatt” se alegra la Her­mana Eliza Maria da Silva.

El tiempo de formación ardientemente anhelado

Hermanas de diversos países latinoamericanos participan en este tiempo de for­ma­ción de nuestro Instituto, que se llama “pequeño terciado”. “Ya tendría­mos que haber tenido este tiempo de formación en Brasil. Pero Dios dispuso todo de tal forma que se postergó este tiempo, de modo que ahora podemos pa­sar estos momentos de gracia en los lugares santos de Schoenstatt. Veo co­mo una señal del amor de Dios que, justamente en el año centenario del ingre­so de las primeras mujeres a Schoenstatt y de la fundación de la Federación de Mujeres, nos llame a Schoenstatt. Hoy somos llamadas s Schoenstatt, en este nue­vo siglo, para dar testimonio de Schoenstatt y de nuestro Padre y Funda­dor”, dice la Hermana Mariana de Almeida.

La Hermana M. Flávia Victor Dias expresa así sus expectativas: “Espero que es­te tiempo de formación sea un nuevo comienzo en nuestra vida. Un amor re­no­vado a nuestra vocación, un nuevo comienzo en nuestra Familia de Herma­nas, para que podamos cumplir con fuerzas renovadas la misión del Fundador.”

El cumplimiento de un sueño

Para todas significa el cumplimiento de un sueño que llevan hace años en el co­ra­zón, así relata la Hermana M. Credileide Matias: “Con esto se cumple un sue­ño: poder conocer el lugar de origen de Schoenstatt, donde nuestro Fun­da­dor, el Padre José Kentenich vivió. Vivenciar todo esto nos ayudará a reencen­der en nosotras el fuego por la misión de Schoenstatt. Es una vivencia única y que­remos esforzarnos por aprovechar bien cada momento.”

Es de imaginar que un viaje tal exige también una preparación especial y hacer las maletas. Pero la Hermana Mariana opina que el equipaje más valioso y más grande no requiere de control en el aeropuerto. “El equipaje principal lo lleva­mos en nuestro corazón que está abierto para todo lo que el Padre y la Madre de Dios nos quieran regalar en este santo tiempo de gracias.”

“Recibimos un gran regalo en la posibilidad de estar aquí”, dice la Hermana M. Shaiaine Machado. “Somos concientes de que esto implica también un esfuer­zo económico. Por eso, además de la preparación espiritual, las Hermanas ini­cia­mos un proyecto para colaborar económicamente. De este modo hemos apor­tado un poco a los gastos de la Provincia.”

Estuve siempre aquí

Las Hermanas llegaron el 16 de enero a Schoenstatt y permanecerán allí 40 días. La distancia entre São Paulo/Brasil hasta Vallendar en Alemania es de apro­ximadamente 10.000 kilómetros. Pero cuando las Hermanas llegaron a Schoen­statt se sintieron enseguida en casa, junto a la Madre de Dios. “Cuando entramos por primera vez al santuario original fue un momento muy especial. Es interesante: parecía como si no fuera mi primera vez aquí. La experiencia fue haber vivido siempre aquí aunque nunca había estado aquí. Tomé con­cien­cia de que las Hermanas, cuando vienen aquí, nos hacen presente espiritual­mente en sus corazones en los lugares santos. Y nosotras mismas hemos he­cho varias veces “peregrinaciones espirituales” a Schoenstatt, y ahora se con­vir­tió en una realidad concreta”, dice la Hermana Alessandra Maria Gonçalves. Y agrega: “La conciencia de estar en el lugar de origen, donde el Padre y Fun­dador y los congregantes héroes sellaron la Alianza de Amor, despierta un sen­timiento que no se puede explicar.”

Las Hermanas vivenciaron ya el invierno alemán, un clima más frío que en Bra­sil. Pero no es difícil para ellas, así lo cuenta la Hermana Sonara Maria de Oli­vera. “El amor a Schoenstatt calienta el corazón para la estadía en los lugares santos de Schoenstatt. Aguardamos con mucha expectativa la nieve, cada día miramos el pronóstico del tiempo y rezamos también por esta ‘gracia’.”