11.02.2020

MI SÍ ES PARA SIEMPRE

de Hermana M. Jimena Alliende

Chile, enero 2020, Santuario Cenáculo de Bellavista.

Un Sí para siempre

es la palabra que pronunció un grupo de 5 Hermanas de María el día de su consagración perpetua –el 8 de diciembre- y que fue celebrado solemnemente con sus familias, parientes y conocidos, el 12 de enero en la Iglesia del Espíritu Santo. Desde Ecuador y España llegaron los padres y hermanos de dos de ellas,
–    Hermana M. Paula Blum y
–    Hermana M. Raquel Puñet Olijella. Y desde Viña del Mar, Temuco y Valdivia, la familia de la
–    Hermana M. Isabel Margarita Elorrieta,
–    Hermana M. Martina Winkler Muñoz y
–    Hermana María José Errázuriz Quiroga.

Bellavista se engalanó para una gran fiesta.

Ya desde antes del mediodía se veían en los jardines a familias con sus hijas. Todo transcurrió en un ambiente de alegría y camaradería en un almuerzo en el patio interior de la casa de las Hermanas donde intercambiaron experiencias, recuerdos de los años pasados. Eran alrededor de cuarenta personas con la Dirección de la Provincia y la maestra del tiempo de formación.

A las 17.30 era la convocatoria para un amplio público del Movimiento y conocidos. La Iglesia del Espíritu Santo, junto al Santuario Cenáculo de Bellavista, reunió a más de trescientas personas en una Eucaristía de gratitud. Las Hermanas entraron acompañadas por chicas portando banderas de la juventud femenina. Los presentes las aplaudieron un largo rato. Los padres y hermanos tuvieron una participación activa durante la ceremonia, en las lecturas bíblicas y peticiones. Un excelente coro con instrumentos dio la atmósfera.

Al término, hubo un testimonio del hermano de la Hna. Martina contando lo que había significado para la propia familia tener una hermana, Hermana de María.   Y por último, la Hermana Isabel Margarita y Hna Martina hablaron a nombre de las Hermanas recién perpetuas. Agradecieron porque “Con el paso del tiempo ha crecido en nosotras la alegría de pertenecer Dios en nuestra Familia de Hermanas”.   Agradecieron a sus familias.   “ Porque ha sido en la familia donde ha crecido y se ha desarrollado en germen nuestra vocación, con ustedes hemos crecido en la fe y hemos aprendido amar”.

En verdad, decir Sí para siempre es un poderoso testimonio.  La Hermana Isabel Margarita lo expresó con una imagen moderna: “Hoy día está de moda lo sustentable, el reciclaje, la reutilización… y a veces caemos en el peligro de aplicar esos criterios también para nuestro modo de relacionarnos. Casi parece extraño que algo pueda ser “para siempre” y nosotras, nos hemos arriesgado no solo a decir para siempre, sino ETERNAMENTE. Si, Con alegría podemos decir: Somos hermanas de María para siempre”.

Celebraron varios sacerdotes de Schoenstatt presididos por el obispo de Valparaíso, Monseñor Pedro Ossandón. Él aprecia Schoenstatt y valora su aporte a la Iglesia.  Habló en un tono personal, tocando el centro de la vocación: “Queridas Hermanas, ustedes son una buena noticia para la Iglesia. Son una buena noticia porque Jesús sigue llamando.   … A ti, también, como a la Virgen María, el Señor te eligió desde toda eternidad y se acercó a tu vida, regalándote todos los dones necesarios para que escuches atentamente al Hijo de Dios Padre, en quien ha puesto toda su complacencia”.

La celebración litúrgica culminó con una peregrinación al Santuario donde se rezó por la fidelidad de este grupo de Hermanas; rezaron la oración del padre Kentenich ‘Dios te salve, María, conserva puro…. pide para mí la gracia de la fidelidad hasta la muerte…’; oración que, en una tarjeta de recuerdo, había sido repartida antes y así pudieron rezarla todos a una voz.

Y por último, todos los presentes estaban invitados a un trozo de torta en el patio de la casa de las Hermanas para celebrar.  Todos se veían contentos y agradecidos al ver a las Hermanas irradiando alegría y felicidad. El ambiente era tan acogedor que solo terminó cuando el sol ya se escondía, pasadas las 21 horas.

Las Hermanas de María y toda la Obra de Schoenstatt cuentan ahora con cinco Hermanas que se consagran enteras a la misión que el padre Kentenich ofrece a la Iglesia de hoy.