24.01.2020

Atraer a la gente a lo bueno

de Hna. Mariana Hermann

La Hermana M. Lisette Seitzer

nació el 30.7.1950 en Waldstetten / Diöz. Rottb.-Stuttgart. En mayo de 1970 ingresó en la comunidad de las Hermanas de María de Schoenstatt en Sudáfrica. Después de formarse como profesora y trabajar en esta profesión durante dos años, y de estudiar psicopedagogía, antropología y teología en francés en una universidad de Suiza, fue enviada a Burundi en 1984. Fue aquí donde encontró su tarea de vida.

Anhelo de África

Ya de joven, la Hna. M. Lisette sentía un fuerte anhelo de trabajar en África. Las cartas de su tía, que trabajaba como misionera en Sudáfrica, probablemente contribuyeron a ello. Hoy en día, la Hna. M. Lisette cuenta con casi 50 años de experiencia en África. Actualmente es responsable de la Delegación de Burundi de su Comunidad, con 40 Hermanas, 12 novicias y 15 candidatas.

Diversas tareas

Al llegar a Mutumba, la Hermana M. Lisette fue confrontada con la pobreza de la población, pero también experimentó el impresionante compromiso de sus hermanas en el hospital, la escuela y la atención pastoral. Al principio se le confió la educación de las hermanas del país. Además, formó grupos de niñas, mujeres y familias, que se extendieron rápidamente a muchas diócesis.

Con empuje misionero se involucró también en otros proyectos. En las montañas vecinas buscó un manantial para asegurar el suministro de agua potable de la estación u organizó la renovación de la planta de turbinas, que hasta el día de hoy abastece de electricidad a la estación de enfermería y al centro de salud, así como a escuelas, a negocios de artesanías y a 50 familias.

Años turbulentos

La Hna. M. Lisette vivió en Burundi largos años de revueltas políticas. Como muchos otros misioneros, fue expulsada en 1987, pero gracias al cambio de gobierno pudo regresar después de sólo un año. En los años de la guerra civil experimentó varios ataques a la estación de la misión por parte de las tropas rebeldes. El 1 de mayo de 1997, una hermana suiza tuvo que pagar con su vida por ayudar a una mujer embarazada, al pasar con el auto por encima de una mina colocada por los rebeldes, pero valientemente las Hermanas  abrieron un centro de paz y de encuentro en Bujumbura en 1997.

Esperanza para el futuro

Tampoco hoy es fácil la situación en Burundi. Pero la Hna. M. Lisette mira con gran esperanza hacia el futuro: “Aquí experimento una Iglesia viva, dinámica, comprometida.” Ve como su tarea más importante capacitar a las hermanas jóvenes para que continúen el trabajo de las misioneras europeas. Su anhelo por África se ha hecho concreto:

“Ganar personas para Dios y para el bien en la Alianza con María, mostrarles el camino,
eso me parece importante. Toda preocupación por los enfermos y los pobres me parece que forma parte de este camino. Un trabajo educativo feliz y comprometido para los jóvenes prepara el futuro de un país.”