20.01.2020

Cuando se está ante un salto

de Hna. M. Hanna-Lucia Hechinger

Hay caminos que son oscuros. No sabemos con exactitud hacia dónde nos llevan.
Hay cuestiones que esperan una decisión.
Hay situaciones en las cuales nadie me puede aconsejar
– depende de mí, de mi confianza en Dios,
de mi audacia para dar el paso que he reconocido como el correcto.
Pero nadie me puede decir si es verdaderamente el correcto …

El Padre Kentenich, prisionero en la cárcel de Coblenza, es declarado apto para el campo de concentración. Por diversas circunstancias, el médico de la prisión está dispuesto a revisarlo por segunda vez. La única condición: él mismo tiene que declararse enfermo. Ahora comienza una lucha en él que más tarde la denomina “mi lucha por la libertad”. Él sabe lo que significa Dachau. Pero él percibe que se trata de algo más que de la libertad exterior. Por eso renuncia a la posibilidad de volver a ser revisado y pone toda su confianza en una sola carta: DIOS. Dios es una realidad, justamente cuando todo parece no tener salida. Con su decisión él demuestra estar convencido de ello.

20 de enero de 1942. El Padre José Kentenich sigue el camino, dice “Sí”. Él sigue la voz interior de su conciencia, la voz de Dios. Sabe que Dios está presente y lo conduce, incluso si el futuro para él está envuelto en oscuridad, incluso sin saber cuáles son los próximos pasos.

Hay situaciones en nuestra vida en la que nos aguarda un salto en lo incierto. Este paso será posible si sé: Dios está presente. Con Él es posible más que lo que pueden los medios humanos. Cuando la confianza humana llega a su fin, entonces Él está ahí – ¡cuando le doy espacio y salto!

Cuando Dios, el Padre está conmigo, no tengo nada que temer.

El partido más fuerte es siempre aquél que tiene a Dios como Aliado.” (J. Kentenich)