25.09.2019

Un patio donde la Santísima Virgen mira a todos los niños

de Hna. M. Edith Franzke

¿Puedo presentarme? Soy la Hermana M. Edith Franzke y trabajo como maestra desde 1999. Desde hace tiempo trabajo en la

escuela primaria St. Walburg de Eichstätt.

A veces pienso: Tal vez este sea el único patio donde la Santísima Virgen mira directamente a todos los niños. Porque la casa de huéspedes de la abadía benedictina vecina tiene una hermosa estatua de María que mira hacia el patio. La abadía de St. Walburg y la escuela están estrechamente unidas, tanto física como históricamente. En Baviera es así que los maestros dirigimos una clase durante dos años, ya sea en el primer y segundo año escolar o en el tercero y cuarto año. Después de algunos cambios entre el primero y el segundo o entre el tercero y el cuarto, actualmente dirijo una segunda clase. Algunas experiencias en mi vida escolar son inolvidables para mí.

Un par de ejemplos:

Una primera clase con treinta niños es, por un lado, muy exigente. Por otro lado, me enriquecí mucho con la originalidad de los niños. Estos venían de trece pequeñas ciudades marcadamente rurales. En aquel entonces yo trabajaba en el distrito de Neuburg/Schrobenhausen. Por ejemplo, ¿cómo se las arreglaba el pequeño Esteban, de la segunda clase, para saltar 3 metros? ¡Muy simple! Detrás de la casa de este niño había un arroyo que él solía saltar por encima con gran celo junto con un amigo tan deportivo como él. Un día, pasaba yo por delante de su casa en bicicleta, y al mirar descubrí este fenómeno – entonces le pude revelar la respuesta a este acertijo al profesor de deportes.

Es todo un tema cuando los de primer grado escriben una prueba. La consideran igual que todos los demás trabajos y no tienen la intención de demostrar cuánto han aprendido. Les repartí a los niños de una primera clase una prueba de matemática. Después de un rato descubrí que Lucas no tenía la hoja de la prueba. Me acerqué a él y me disculpé: “Oh, no te vi!” “No”, respondió el niño. Le repliqué sorprendida: “¿Pero dónde dejaste la hoja?” Él: “La tengo en la mochila. Voy a hacer el trabajo en casa.”

No menos desconcertante es la siguiente observación: Oh, Janine ya había terminado su trabajo. ¿Qué está escribiendo entonces ahora? Y, ¿por qué Sebastián está sentado ahí al lado sin hacer nada? Sebastián responde: “Es así: mi amiga ya terminó el trabajo. Entonces le di mi hoja para que la complete también.”

También el trabajo en el ámbito religioso es interesante. Y muy difícil. ¿Qué aprenden los niños? Esta es muchas veces mi pregunta. Tengo un santuario peregrino para niños que ellos pueden llevar a casa. Un niño que sigue con mucha atención el orden de la oración a la mañana, se alegró de poder recitar para sus papás la pequeña consagración a la Virgen María a la noche, agregando: “Virgen María, yo te saludo, salúdame Tú a mí!” Sus padres comentaron más tarde que esto los conmovió tanto que ahora es parte de la oración de la noche, del saludo de las buenas noches.

Una vez estuve enferma durante una semana y por eso falté a la escuela. La maestra que me reemplazó estaba admirada de cómo los niños sabían hacer las oraciones de la mañana, los cuales, llenos de orgullo, las recitaron para esta maestra. Cuando regresé y la maestra suplente me contó con qué seguridad rezaban los niños, y éstos recitaron sus oraciones nuevamente conmigo y en presencia de la maestra suplente, noté con cuánta concentración lo hacían.

Algo que me alegra especialmente es que los niños musulmanes participan a su manera de la oración de la mañana. Hasta ahora se habían mantenido distantes, pero ahora toman parte en lo que hemos acordado juntos, y esto es hermoso porque así surge un sentimiento de comunidad.

Me preguntaron si, con ocasión de la fiesta de la cosecha, podía ir con mi clase a un geriátrico para cantar allí con los niños, los cuales cantan con mucho gusto. A los ancianos les alegra mucho ver a los niños. Hay dos geriátricos en Eichstätt. En Adviento – poco antes de la Navidad – les pudimos llevar alegría con cantos, danza de luces y música. También visitaremos el otro geriátrico. En Eichstätt tenemos la ventaja de que algunos niños cantan en el coro de la catedral. Ellos son un buen apoyo a nos ayudan cuando cantamos a varias voces. Y hacer música con instrumentos de percusión le alegra mucho a los niños.

Tal vez otra experiencia impresionante. El Frauenberg pertenece a Eichstätt. Cuando vamos de excursión, a menudo nos dirigimos hacia allí. Los niños recogen con empeño materiales naturales como ser castañas. En un camino del bosque hay una cueva. Allí, los niños pueden permanecer y dejar volar su imaginación. Cuando se llega desde el camino al Frauenberg, hay una ermita con la imagen de la MTA de Schoenstatt. Ahora hay un hombre en Eichstätt que durante un tiempo vivió a la intemperie y sufrió el congelamiento de sus pies en invierno. Para él es difícil caminar. Por eso camina con ayuda de un andador. Un día, estando nosotros de caminata, cuando miramos hacia la ermita, vimos a este hombre (de unos 40 años) que venía con el andador por el camino. ¿Qué había hecho? Manifiestamente había recogido flores, las había puesto en su cesta, y ahora las había depositado frente a la imagen de la Virgen y estaba quieto ante Ella. Los niños también se quedaron quietos. Ninguno siguió adelante. Se quedaron mirándolo con gran respeto. Esperaron hasta que el silencioso orante continuara su camino. El hombre es bien conocido en la ciudad, también su historia tan difícil. Después rezamos juntos con los niños en esta ermita. Ellos quedaron muy impresionados. Esto se podía sentir.