14.09.2019

Su carisma y su misión viven en nosotros

de Hna. M. Nilza P. da Silva

15 de septiembre de 1968: el Padre Kentenich parte hacia la vida eterna

¿Qué sucedió aquel 15 de septiembre de 1968 a las 7:00 de la mañana en la Iglesia de la Adoración en el Monte Schoenstatt? La respuesta es tan variada como lo es la vinculación con el Padre José Kentenich y la comprensión de su carisma.

Nosotras, las Hermanas de María, decimos: en este día, el cielo tocó la tierra, Dios se llevó consigo a nuestro Padre y Fundador, quien ahora, desde la eternidad, puede obrar mucho más que antes porque está con Dios.

Avivar de nuevo el fuego de su carisma

El Papa Francisco dijo en relación al Padre Kentenich: “La gracia de Dios necesita solo una persona para  llevar a cabo cosas grandes en la Iglesia y en el mundo”.[1] De allí que celebrar el día de su muerte no significa llorar por el pasado sino alabar a Dios por las grandes obras que ha realizado en su vida y avivar en nosotros el fuego de su carisma para que éste pueda continuar iluminando a la Iglesia y la sociedad. Nos motivan las palabras de San Juan Pablo II: “Ustedes han sido llamados a participar de la gracia que recibió su fundador y ofrecérsela a toda la Iglesia”.[2]

Anunciar a María

La gracia de la que participamos es su carisma mariano. Éste le confirió a él un gran amor y fidelidad a la Iglesia, una fe inquebrantable en la Divina Providencia y el compromiso de colaborar en la formación de hombres nuevos para la renovación religioso-moral del mundo.

La gracia de la que participamos es su misión: “Anunciar a la Madre de Dios, revelarla a nuestro tiempo … con la misión específica que Ella tiene en su Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual.”[3]

Por Cristo al Padre

El 15 de septiembre de 2018, hace un año, hemos renovado nuestra promesa de ofrecer este carisma de nuestro Fundador a toda la Iglesia y la sociedad. Porque creemos en la misión especial que Dios le ha encomendado a María en cada Santuario de Schoenstatt: “Volver a poner a Cristo en el trono y obrar milagros de transformación.”[4]

Agradecemos a Dios por todos los que llevan a cabo su misión. Como el cardenal Lorenzo Baldisseri expresó: “En la persona del Padre Kentenich Dios le ha dado a nuestro tiempo un pastor bueno y fiel que fue configurado con el mismo corazón de Cristo.”[5]

Él irradió el amor de Dios Padre en todo su ser y muchos vivenciaron en él lo que Jesús dice: “Quien me ve a mí, ve al Padre.” (Jn 14,9)

[1] Papa Francisco a la Familia de Schoenstatt, octubre 2014
[2] Juan Pablo II, a la Familia de Schoenstatt, septiembre 1985, Libreria Editrice Vaticana
[3] P. José Kentenich, Con María en el nuevo milenio p. 153; noviembre 1958
[4] P. José Kentenich, Londrina, 20 de abril de 1947
[5] Mons. Lorenzo Baldisseri, para la Familia de Schoenstatt, Santa Maria, abril de 2008