04.09.2019

Ser una pequeña María y renovar el mundo …

de Hna. Mariana de Souza Almeida

mediante una “pastoral en el entorno”

Hay muchas posibilidades para una Hermana de María de ayudar a la Santísima Virgen en la renovación del mundo desde el Santuario. Cada talento personal es al mismo tiempo un regalo de Dios a la comunidad que cada Hermana puede desarrollar según sus posibilidades.

Con un don para lo administrativo y la logística, la Hermana Mariana de Souza Almeida vela para que la Casa Provincial y sus alrededores está siempre limpia y ordenada.

La Hermana Mariana nos cuenta:

Me gusta mucho mi tarea

Desde hace 14 años me es dado recorrer un camino de bendición como Hermana de María de Schoenstatt. La vocación no es algo que Dios nos entrega “ya listo” sino que la vocación implica una decisión diaria. En la vida consagrada que elegimos, la vocación se concretiza,
en la oración y la entrega a Dios,
en el donarse y ayudar al prójimo
y también en una tarea que incluye una misión que nos confía el buen Dios a través de las autoridades de la comunidad.

Desde mi ingreso tuve diferentes tareas en nuestras casas.  En este momento trabajo en nuestra Casa Provincial y tengo la dirección de las tareas de la casa y del lavadero. Me gusta mucho mi tarea. A primera vista se podría pensar: “Oh, ha dejado tanto y se ha consagrado a Dios para hacer algo que también podría hacer en su casa, con su familia que la quiere tanto.” Para nada. Mi tarea me cuadra muy bien, armoniza con mi forma de ser. Esto la hace sencilla y agradable.

Estamos todas al servicio de nuestra Familia

Cuando pensamos en una Hermana, quizás nos imaginamos como primero a una Hermana que trabaja en la parroquia, en la escuela o en el hospital, que asiste a los necesitados en la calle o en refugios. Pero hay muchas posibilidades de realizar la vocación como Hermana de María de Schoenstatt. Nuestra vida comunitaria necesita también de aquellas que trabajan indirectamente en el apostolado asumiendo tareas internas al servicio de la comunidad. Este apostolado puede ser tan fecundo como el trabajo directo con las personas. Todas estamos al servicio de nuestra Familia y en solidaridad fraterna podemos aprender mucho unas de otras y ayudarnos para así crecer.

Cuido para que haya una buena atmósfera: cultivo los vínculos

En nuestro tiempo, en el que las vinculaciones suelen ser superficiales y el contacto personal se ha convertido en algo poco común, mi tarea me permite realizar un “servicio en el entorno”. A pesar de todo lo que la era digital nos ofrece, para cada Hermana es hermoso encontrarse con una habitación limpia y ordenada cuando llega y, por ejemplo, un lindo ramito de flores para recibirla en la mesa. Cuando preparo una habitación para alguien, pienso qué puede causarle alegría a esta persona, ya que es muy hermoso llegar a casa y sentirse bien allí. Se trata de detalles que en el apuro de la vida diaria muchas veces pueden pasar desapercibidos. Pero son algo personal y por eso importante.

María nos regala hogar

Creo que la Santísima Virgen también ha obrado así. Sabemos que luego del anuncio del ángel partió presurosa a ayudar a su prima y preparó allí todo lo que ésta necesitaba. Seguramente también San José y Jesús vivenciaron esta alegría natural en su hogar. Cuando volvían a casa cansados después de un día laboral, la Santísima Virgen los esperaba con todo lo que ellos necesitaban: una buena comida, ropa limpia, una casa agradable.

Me es dado ser un poco María

Por eso me alegra mi tarea, porque así puedo ser “pequeña María”, según el ejemplo de la gran María, quien siempre busca y prepara lo mejor para sus hijos. No realizo mi trabajo precipitadamente cuando estoy lavando, limpiando, ordenando.  Hay un modo mariano de realizar todo eso. También en lo pequeño, desapercibido y sencillo procuro transparentar el modo y el amor de María. Entonces mi tarea aparentemente sencilla adquiere un profundo significado puesto que, unida a la Santísima Virgen y a su Hijo ofrezco mi trabajo diario por la renovación del mundo, especialmente por cada persona que, atribulada y sin esperanza se vuelve a María Santísima en sus Santuarios.