26.06.2019

¡Id y encended el mundo!

de Hna. Antje-Maria Wunderwald

Todos los años

las Hermanas en Schoenstatt aguardamos con alegre expectativa la fiesta de Corpus Christi. Ya meses antes de la misma reflexionamos sobre el tema y nos ocupamos con los preparativos. Una vez que se ha celebrado Corpus Christi el jueves con procesiones en muchas parroquias, comenzamos con mucha alegría y empeño el trabajo concreto: el viernes por la mañana, ya a las 5 hs se encuentran las primeras Hermanas en camino para recoger flores para las respectivas alfombras. Y así sigue todo el día. En muchas partes nos encontramos con generosidad y disponibilidad para ayudar, por ejemplo en jardines privados o estatales que nos permiten cortar rosas.

¡Un lema fogoso!

Esta vez hemos buscado especialmente flores rojas, ya que la fiesta de Corpus Christi de este año tiene como lema: “Id y encended el mundo”. De acuerdo a este lema se diseñan las alfombras, para lo cual no estamos solo las Hermanas, sino también muchos ayudantes. Para muchas familias ya es tradición venir a ayudar, algunos hacen un viaje extra para este fin. También la empresa de sonido viene cada año. Todos los rostros brillan con el sol y el trabajo tenaz, y esto desde la mañana hasta la tarde. También hay tiempo para conversar e intercambiar, incluso en la cena en común detrás de la Casa Madre.

Santa Misa solemne en la Iglesia de la Adoración

Finalmente llegó el domingo, un día de sol en el sentido literal de la palabra! Las campanas suenan festivamente, 10 sacerdotes y muchos fieles, entre ellos franceses, croatas, polacos y suizos como también peregrinos de diversas regiones de Alemania, vienen al Monte Schoenstatt para vivir aquí la fiesta de Corpus Christi.

Con Cristo por las calles de la vida

El Padre Bracht, rector del Santuario Original, es el celebrante principal este año. Canta el coro de las Hermanas de María de Schoenstatt. El Padre Bracht nos indica que la prédica propiamente dicha hoy es la procesión, pero ésta requiere de una interpretación: Jesús, el Señor, quiere estar con nosotros, Él recorre las calles, el mundo. Lo acompañamos en su presencia sacramental en el Monte Schoenstatt, pero Él quisiera pasar también por las calles principales de las grandes ciudades. El camino de hoy simboliza el camino de nuestra vida, el camino al cielo. Jesús quiere encontrarse con los hombres por las calles. Como relata el Evangelio de hoy, también actualmente los hombres están hambrientos, tienen hambre de vida. Pero buscan satisfacer esta hambre en cosas que no son reales sino virtuales. Por el contrario, Jesús está realmente presente entre nosotros y esta es su respuesta a nuestra hambre. Él nos da alimento, Él es el alimento. Para que el Señor pueda recorrer las calles necesita quien lo lleve. Nosotros somos portadores de Cristo y el adorno floral por los caminos debería ser el adorno de nuestro corazón. Llevamos al Señor en una custodia, y nosotros mismos somos la custodia viva como María, quien por caminos montañosos llevó a Cristo a su prima Isabel.

Por las intenciones del mundo

Preparados con estos pensamientos, unas 1.200 personas se disponen a realizar la procesión, acompañada por la banda musical de Niederwerth. Resuenan los cantos tradicionales de Corpus Christi como también cantos nuevos, oraciones de alabanza y petición por todo el mundo, mientras acompañamos a Cristo en la custodia por el Monte Schoenstatt. Llegan mucho las peticiones de los niños en el tercer altar.

La “prédica” de las alfombras de flores

Las alfombras de flores nos hablan con su claro simbolismo:
“Danos de tu fuego” es el imperativo del primer altar junto a la casa de formación. En esta alfombra está representada la ventana que se colocó en la Capilla del Fundador con ocasión del quincuagésimo aniversario de su fallecimiento.

La Capilla del Fundador es para muchas personas un lugar donde el cielo toca la tierra – así como, en aquel entonces, en el Cenáculo en Jerusalén.
La simbología de esta ventana habla de:
Un centro claro, radiante, del cual parte movimiento: signo de la comunidad orante y de la venida del Espíritu Santo.
Siete llamas parten de este círculo central: colmados por el Espíritu Santo, estamos llamdos a ponernos en marcha. Juntos – y sin embargo cada uno con su vocación y dotación específicas.
La mirada al mundo a través de la ventana: en la fuerza del Espíritu Santo arriesgamos la puesta en marcha, configuramos el hoy y el mañana.  

La alfombra delante del santuario de las Hermanas alude a las palabras de la Sagrada Escritura: “Todos ellos perseveraban unánimes en la oración en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús y de sus hermanos …” (Hch 1,14). El Santuario de Schoenstatt – en una representación estilizada – como el lugar de una especial cercanía de María, el Cenáculo de hoy.

Congregados en torno a María le pedimos a Dios Padre – representado en el ojo del Padre en el centro de la imagen – la “fuerza de lo alto”.
Llenos del Espíritu Santo se nos envía para que la bendición de la muerte en cruz y Resurrección de Jesucristo penetre todo el mundo.
Ser apóstol significa: tener una misión, ser enviado. 

El brasero representado en la alfombra delante de la Casa Madre nos estimula al recordarnos que si el mundo está en llamas – y los medios nos relatan diariamente sobre esto – nosotros los cristianos estamos llamados a encender otro fuego en este mundo: el fuego del amor.

Para ello necesitamos al Espíritu Santo. Él transforma nuestro corazón y, así, transforma el mundo. Encendidos en su fuego, los Apóstoles parten al mundo y anuncian el Evangelio, la Buena Noticia del amor de Dios a los hombres. ¡También hoy es tiempo de apóstoles! Cada uno de nosotros está llamado a encender el mundo, así como cada uno es y en el lugar en el mundo en el que está. Cada uno puede cambiar el mundo con su llama de amor. 

La alfombra delante de la Iglesia de la Adoración nos recuerda la zarza ardiente en la que Dios se revela con su nombre a Moisés: “Yo soy el que soy.”(Ex 3,1ss).

Dios está aquí. Entre nosotros. Y las llamas de su amor penetran todo el mundo.
Para grabar esto indeleblemente en nosotros, envió a su Hijo al mundo.
Jesucristo vino a traernos el mensaje del amor del Padre eterno. Lo selló con su muerte en la cruz. Las espinas y la cruz son signos del amor ardiente de Dios por nosotros.
Jesús, nuestro Redentor, está presente entre nosotros en el signo humilde de la hostia, en la Sagrada Eucaristía.  

Programa con diversas opciones para la tarde

Después del Te Deum al final de la procesión y de la segunda misa para los peregrinos, el programa no ha terminado. Muchos peregrinos pasan la tarde en el Monte Schoenstatt, contemplan con detenimiento las alfombras de flores y participan en los diversos ofrecimientos del programa de la tarde.

Vale la pena estar allí

Para varios peregrinos, la procesión de Corpus Christi en el Monte Schoenstatt es un programa anual que no puede faltar. Una señora cuenta con entusiasmo: “He tomado ahora las vacaciones no solamente para esta vez sino hasta que llegue mi jubilación porque no quiero perderme la procesión!”

Un participante comenta: “Ya viví muchas procesiones de Corpus Christi, pero aquí hay algo especial.” – Otro eco: “Todo está hecho como en el mismo molde, los textos de las oraciones señalan lo esencial.“

Foto-AlbumFronleichnam 2019 in Schönstatt