28.12.2018

Que me fue regalado a mí

de Hna. M. Lucijane Goering

Testimonio vocacionaHna. M. Lucijane Goering

No son ustedes los que me han elegido, sino que yo los elegí y los destiné para que vayan y den fruto y que este fruto permanezca. Entonces el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.  (Jn 15,16)

Vengo de la ciudad luterana de Wittenberg. Allí había dos filiales de las Hermanas de María de Schoenstatt: una pequeña filial con Hermanas que trabajaban en la parroquia como referente parroquial, maestras, enfermeras, secretarias; y una filial más numerosa donde muchas Hermanas trabajan en la Clínica Maternal Bosse. En esta clínica nacieron mis cinco hermanos. La primera persona que me saludó cordialmente en este mundo fue una Hermana de María de Schoenstatt. Me parece que esta Hermana rezó enseguida por mi vocación.

Para mí fue una vivencia especial el paseo que hicimos algunas niñas con nuestra referente parroquial, a Friedrichroda, al bosque de Turingia. El santuario de Schoenstatt allí era el único en territorio de la antigua República Democrática Alemana. Esta capillita me impactó. Enseguida me sentí en casa

Sellé la Alianza de Amor con la Virgen María

Más tarde participé varias veces con una amiga de jornadas de la Juventud Femenina de Schoenstatt y también de ejercicios espirituales. Sellé la Alianza de Amor con la Virgen María y me comprometí activamente con la Juventud Femenina de Schoenstatt. El ideal: ser semejante a María y llevar a Cristo al mundo, me llegó mucho y determinó mi vida. Me dio fuerzas para ser fiel a mi fe y a los valores cristianos dando testimonio de ellos, sin hacer concesiones, como por ejemplo no participé de la “consagración juvenil” que era manifestarse a favor de la RDA y su ideología. En los tiempos de la RDA había consecuencias severas en lo que respecta a las posibilidades de estudiar, si uno no participaba en esa consagración juvenil. Pero yo estaba orgullosa de ser católica.

Me comprometí en muchos ámbitos de nuestra parroquia. Cuando terminé el colegio, comencé mi formación como enfermera para niños en el hospital católico “Barbara” en Halle.

En este tiempo tuvo lugar la vestición de mi hermana que es tres años mayor que yo, en Friedrichroda, Hermana M. Therese, en el Instituto de las Hermanas de María de Schoenstatt. Luego de tal impresionante y hermosa ceremonia de vestición, le pregunté a mis padres si querían vivir algo similar al año siguiente. Me dijeron que no querían que fuera el año siguiente, sino que primero culminara mi formación. Esto significó una lucha interior para mí.

Por un lado, yo quería terminar mi formación, por el otro sentía el anhelo de entregarle ya mi vida al buen Dios. A esto se sumó que mi amiga se había anunciado ya para el próximo postulantado. En este tiempo, un sacerdote me contó de una decisión difícil que tuvo que tomar el Padre José Kentenich, Padre y Fundador del Movimiento internacional de Schoenstatt, estando en la cárcel de Coblenza. Él se decidió con libertad por el camino más difícil porque reconoció en éste la Voluntad de Dios.

Así como la Santísima Virgen, también yo quería pronunciar mi Fiat a la Voluntad de Dios. – Le pedí ayuda al Padre Kentenich.

Me anuncié con toda libertad y alegría, para el próximo postulantado. El buen Dios no se dejó ganar en generosidad.

Experimenté que – de modo similar a lo que sucedió con el Fiat de María Santísima – por mi Sí, el buen Dios trajo bendición y salvación.

Por eso mis padres tuvieron la alegría de volver a celebrar una vestición al año siguiente en Friedrichroda. Y ellos se alegraron realmente. Jamás hubieran retenido para sí uno de sus hijos, sin entregárselo al buen Dios. Por ello y por su fidelidad le estoy muy agradecida a mis padres.

Quiero transmitir lo que me fue regalado a mí

Recibí una nueva familia en la que recibo sostén y cobijamiento, en la que tengo mi lugar. Me ha sido dado estar con muchas Hermanas nobles, que aspiran generosamente. Recibí mucho más de lo que dejé. Dios no se deja ganar en generosidad. Desde hace 38 años le regalo mi vida a Dios y a la Virgen María como Hermana de María de Schoenstatt, sirviendo a la Obra de Schoenstatt. Para mí es una gran alegría poder hacer esto como referente parroquial. Deseo transmitirle a los niños lo que me fue regalado a mí: el regalo de la fe en Dios y la alegría de vivir la vida con Cristo.  Me gusta ser Hermana de María de Schoenstatt. Con gratitudconfieso con las palabras de la Santísima Virgen:

Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu exulta de gozo en Dios, mi Salvador (Lc 1,46 -48)

  
 La Hna. M. Lucijane dio este testimonio en Dingelstädt / Eichsfeld, Alemania en el marco de las prédicas anuales de cuaresma 2018