04.12.2018

Lo que me fascina

de Hermana M. Ramona Schneider, Schoenstatt - Zagreb

Entrevista en Radio Maria
Zagreb, Croacia, 20 de octubre del 2018

Hermana Ramona, por qué pertenece Ud. a la Familia de Schoenstatt? ¿Qué le fascina de Schoenstatt?

Esta pregunta me causa gran alegría y podría mencionar muchas cosas que me fascinan de Schoenstatt. Elijo tres cosas:

♦   Pertenezco a la Familia de Schoenstatt porque encuentro maravilloso poder llenar la tinaja en nuestro santuario de  Schoenstatt con aquello que nos exige la vida cotidiana o lo que la hace bella. Y esto alegra mi vida porque sé que la Santísima Virgen acepta estos aportes y los utiliza para, junto con su Hijo, hacerme a mí y al mundo un poquito mejor, más hermoso, más justo, más pacífico y más feliz. Convertir todo en un regalo, poner todo en la tinaja: así se vive más despreocupada y fácilmente. Y al mismo tiempo mis aportes ayudan a otras personas en su camino. María: Nada sin ti, pero también: Nada sin mí.

♦   Pertenezco a la Familia de Schoenstatt porque quiero ser más ser humano, más auténticamente ser humano, veraz, íntegro, sano. La palabra clave que me fascina de Schoenstatt es: santidad de la vida diaria. Ser fiel en las cosas pequeñas y hacer todo con amor, tener grandes metas y al mismo tiempo poder caer y ser pequeño. Y empezar cada día de nuevo sin deber tener mala consciencia por eso.

Foto: Josef M. Neuenhofer

Le agradezco especialmente al Padre Kentenich, quien me ha dado una nueva visión a través de Schoenstat para vivir más intensamente, percibir atenta las pequeñas cosas detrás de las cuales descubro el amor de Dios hacia mí.

♦   Pertenezco a la Familia de Schoenstatt porque aquí, a través de nuestro Fundador, el Padre Kentenich, he experimentado y aprendido a verme valiosa en el santuario de mi corazón y a tratarme de manera correspondiente; a tener allí el centro de mi persona; a estar allí en casa conmigo misma y descansar allí en Dios, cobijando allí a muchos. Mi corazón: tu santuario. Una realidad admirable.

Hermana Ramona, ¿cuánto tiempo hace que es Ud. Hermana de María de Schoenstatt?

25 años. El 5 de septiembre de 1993 fue mi vestición. Dentro de dos años celebraré las bodas de plata de la pertenencia oficial a nuestra Familia de Hermanas, junto con mis hermanas de curso, que tuvieron la vestición junto conmigo.

¿Qué dice Ud. del nuevo santuario de Schoenstatt en Ivanec, en el noreste de Croacia?

Me alegra que la Santísima Virgen haya encontrado un nuevo lugar para actuar desde allí como Madre y Educadora. Si muchos se abren a sus dones y se dejan enviar por Ella puede surgir en torno al santuario un mundo nuevo, una tierra de María: un reino de pureza, un reino de alegría, un reino de amor, un reino de libertad, un reino de verdad y justicia, un reino de valor para el combate y de confianza en la victoria, así como el Padre Kentenich lo describe en el así llamado Cántico al Terruño.

Quisiera aprovechar la oportunidad para agradecer a todos los que se han sacrificado por este santuario en los últimos años, como también a todos aquellos que han velado para que se construyera el santuario, proveyendo objetos del mismo, de modo que tuvimos una inauguración tan bendecida.

Seguramente Ud. anhela que el santuario sea visitado por muchas personas en el tiempo venidero.

Sí, naturalmente, y que la Santísima Virgen pueda hacer mucho desde aquí.

♦   Deseo que este santuario nuevo sea hogar y sostén para muchos, ayudándoles a encontrar orientación para sus vidas, donde se sientan mirados y valorados personalmente por María Santísima.

♦   Anhelo que muchas personas experimenten aquí la gracia de la transformación: un nuevo comienzo para sus vidas que sane sus heridas interiores y que, gracias al encuentro con el santuario se desarrolle algo para mejor en sus vidas y en su cotidianidad.

♦   Quisiera que en este nuevo santuario crezcan apóstoles compenetrados por la misión para construir un mundo nuevo en donde todo suceda por causa del amor, a través del amor, para el amor, para el Amor Eterno, como lo expresa nuestro Fundador.

El día de la inauguración, el pasado 15 de septiembre, ha sido un día muy especial para la Familia de Schoenstatt internacional: la conmemoración del quincuagésimo aniversario del fallecimiento del Fundador, Padre José Kentenich. ¿Qué relaciona usted personalmente con esta fecha?

Me alegro mucho por la fecha de la inauguración. El 15 de septiembre es para mí un día muy especial. Por eso estaba un poquito triste por no poder estar en Schoenstatt celebrando la gran fiesta internacional allí.

Mi relación con el 15 de septiembre se remonta a los comienzos de mi vida de Hermana. El 5 de septiembre 1993 había sido mi vestición y diez días más tarde vivimos, como joven curso de Hermanas, los veinticinco años del fallecimiento de nuestro Padre y Fundador.

Como Familia de Hermanas tuvimos a las 5:00 hs una hora solemne en nuestra Iglesia de la Adoración, en la cercanía de la capilla del Fundador, donde él está enterrado. Lo que viví ese 15 de septiembre de 1993 fue un sumergirme en una gran comunidad de Hermanas. Había muchas, la Iglesia estaba llena. Y yo me sentí perteneciente a la comunidad: a una gran  Familia, que está en casa en todo el mundo y ahora se reúne en torno al Fundador. Yo soy una de ellas y estoy entre ellas. 

Se hablaba de una hora santa, histórica, y de un lugar santo. Así me sentí yo, cerca de Dios. A este respecto se hablaba también de una irrupción de lo divino en la celebración, esto me conmovió. Dios dispuso todo lo que sucedió aquel 15 de septiembre de 1968 y cómo sucedió. Me impresionó mucho cómo la Divina Providencia guía y planifica todo exactamente.

Una irrupción divina, una hora santa, un lugar santo. ¿Cómo guió todo la Divina Providencia en el acontecimiento de la muerte del Fundador? ¿Qué fue especial en ello?

El día de su muerte fue un domingo y la conmemoración de los siete dolores de María. Nuestro Fundador muere directamente después de la santa Misa, en la sacristía, ni antes ni después. Dos sacerdotes están presentes y lo sostienen cuando se desmaya y lo colocan en el suelo. Uno de estos sacerdotes es un croata. El Padre Kentenich muere en medio de su Familia de Schoenstatt, representada por muchas Hermanas que han venido ese día para celebrar el onomástico de su Superiora Provincial.

¿Qué mensaje tomó Ud. del 15 de septiembre?

Tomé conciencia de que nuestro Fundador sigue viviendo y actuando en su Familia de Schoenstatt y que él necesita de mi persona para esta Familia. Un lema de la Juventud Femenina de Schoenstatt, a la que yo pertenecía antes de mi ingreso, cobró más sentido ahora: “Amar – vivir y transmitir Schoenstatt.” Desde el 15 de septiembre de 1993 se reformuló este lema: vivir y amar como nuestro Fundador y transmitirlo a él.

Así espero y deseo que desde nuestro nuevo santuario, que fue inaugurado justamente en este día tan importante, nuestro Fundador actúe especialmente y se haga presente aquí, de modo que muchos lo encuentren y lo elijan como su padre espiritual y lo experimenten así.