04.10.2018

Saludo a la Familia de Schönstatt en Cambrai

gm

Mi querida Familia de Schoenstatt:

Cuando a fines de 1965, luego de catorce años de exi­­lio, regresé a la patria y sobrevolé Francia, el após­­tol de Engling, el P. Menningen, quien me acom­pañó y a quien, en 1942, desde la cárcel, le eché sobre los hombros el “manto de profeta”, me llamó la atención sobre Cambrai.

Espontáneamente comprendí y expliqué: la corrien­te de Engling, alimentada des­de allí, se ha acredita­do, entre tanto, como una obra maestra de la con­duc­ción divi­na y de la obediencia humana. Cuando estaban prohibidas las discusiones de fon­do, esta corrien­te captó y penetró interiormente a la Familia de forma signifi­ca­tivamente efectiva. La Familia viven­ció en la historia de los jóvenes héroes el Acta de Fundación vivida ejem­plarmente y la historia de fundación, con los tres pun­tos de contacto, previvida en una perfección ejemplar.

La forma en la que se llevaron a cabo los viajes al lugar de la muerte tuvieron una acción más profun­da que los ejercicios espirituales y las jornadas de estilo habi­tual. Estos viajes aumentaron y se repitie­ron año tras año. Con el tiempo, todos los círculos de Schoenstatt se han participado de ellos. A través de esto – así parece – Dios ha dado a conocer su propósito de manera inconfundible. Si no nos equivo­camos, Él lo ha pre­visto para el honor de los altares. Que este quincuagésimo ani­versario de su muerte nos lo haga revivir y lo haga digno de la beatificación mediante el milagro requerido.

Schönstatt-Cambrai, para el 4 de octubre de 1968

                             J. K.