29.06.2018

Una hora ante el Señor

de Hna. M. Linda Wegerer y Hnar. M. Tabea Platzer, Schoenstatt

Hace mucho que se hablaba de esta idea, y ahora se hizo realidad, en el año del Padre Kentenich: sábado por medio en cada mes se lleva a cabo a las 19.30 hs una hora de adoración preparada con oraciones y cantos en Schoenstatt.

La Iglesia de la Adoración en el Monte Schoenstatt, en la que se halla la tumba del fundador, P. Kentenich, es un buen lugar para ello.

Estar en silencio

Las condiciones especiales de la luz en la Iglesia y la zona del presbiterio, con su decoración tan hermosa, colaboran a poner el alma en sintonía. Se van intercambiando música instrumental, canciones, oraciones y silencio. Todo invita a estar en silencio exterior e interiormente, a, sencillamente, estar allí. Y estar allí con todo lo nuestro.

La vida cotidiana con todas sus exigencias y desafíos, pero también con sus momentos de felicidad, no debe quedarse delante de la puerta, sino que se la traemos al Señor Jesucristo, presente en el Santísimo expuesto. Todo encuentra tranquilidad junto a Él, a Él le podemos mostrar todo.

El Padre Kentenich expresa esto así: “Aprendamos más todavía a descansar en Dios.”

Quien lo desee, puede encender una velita junto al altar, expresando de este modo sus intenciones. Estar así tan cerca de la custodia con el Santísimo, es algo especial. Por eso, muchos permanecen allí en oración durante un momento.

Para quien realmente quiere hablar algo, está la posibilidad de conversar y/o confesar ante un sacerdote presente en la Iglesia.

Encontrarse con Dios

Esta atmósfera, lo que sucede en esta hora, contribuye a encontrarse realmente con Dios, a entrar en un diálogo muy personal con Él.

Una señora que vino a la Iglesia “casualmente” en una de estas horas, experimentó esto. Ella dijo: “La música era maravillosa! Realmente sintonicé con el ambiente, fui conducida a una oración profunda, ayudada por la música y el canto. Para mí fue una vivencia (…) Solamente quería ver esta Iglesia, pero me quedé hasta el final de esta hora y me sentí muy feliz.”

Otra persona dijo: “Al final de un día de mucho trabajo, estaba muy cansado. Pero ya había estado otras veces en ‘Una hora ante el Señor’ y sabía que me hacía bien. Por eso me puse en camino. Ya sólo con entrar en la Iglesia me cambió el humor. Y al final volví a casa fortificado. No había huellas de cansancio en mí. ‘Una hora ante el Señor’ despertó nuevas fuerzas en mí.”