30.05.2018

La alegría de la vocación

de Jaci Morais

La fiesta de Pascua de este año fue un día de especial alegría y expectativa para seis jóvenes. Ellas comenzaron su camino como

postulantes de las Hermanas de María de Schoenstatt

en la Provincia Tabor, Santa Maria (Brasil). Después de un tiempo de prueba y reflexión y dos meses de candidatura, tuvieron su encuentro con el Resucitado en la noche de Pascua quien las llama por su nombre y les dice: “Tú eres mía!”.

Las queremos conocer:

Mi nombre es Jaci Morais,

tengo 22 años y estudio psicología. Nací en Olinda, Pernambuco, en el noreste de Brasil, pertenezco a la Juventud Femenina de Schoenstatt de ese lugar desde el 2010. Así conocí Schoenstatt y encontré mi lugar predilecto, la Familia que el Padre Eterno determinó para mí.

Junto a mi estudio y los plantes que estaba fraguando para mi vida, me preguntaba también por mi vocación pero no quería tener que cambiar mis planes, sobre todo en lo respectivo a mi vida profesional. Dios Padre me ha permitido ver que solo en Él puedo encontrar la verdadera libertad y la verdadera felicidad. Y ninguno de mis éxitos planeados podrían satisfacer el gran anhelo de mi corazón. Entonces comencé a dejarme guiar por Él en mis decisiones.

En el penúltimo año de mi estudio se me dio la gracia de decidirme a vivir como Hermana de María. Los planes que yo había hecho perdieron su importancia y ya no vi la vida profesional como el centro de mi existencia. En el santuario encontré una Madre, un Padre y a Jesús mismo, que me aman infinitamente y desean que yo sea un pequeño instrumento en su plan de amor.

A la vista de la plenitud del amor divino tuve la fuerza de ofrecer las renuncias necesarias. Descubrí la alegría de pertenecerle cada vez más a Dios. Hoy, al comenzar mi camino como postulante de las Hermanas de María de Schoenstatt, encuentro la respuesta que me faltaba. Encontré la alegría en los planes que Dios tiene para mí.

Me llamo Maria Mariana

y tengo 24 años. Vengo de Maceió, Alagoas (noreste de Brasil) y he finalizado mi estudio de historia.

Hoy comienzo mi postulantado y pronto me será dada la gracia de ser Hermana de María de Schoenstatt. Soy conciente de que la elección por parte de la Santísima Virgen significa una enorme gracia. Quisiera consagrar toda mi vida a la Virgen como Hermana de María. Mi gran anhelo es ser una pequeña María para servir a los otros.

Así, al comienzo de este camino junto con una explosión de alegría experimento también paz y tranquilidad interior – aunque esto parezca contradictorio. He encontrado en el santuario la vocación a la que Dios me llama desde la eternidad.

A través de la obra de Schoenstatt quiero ser fiel a la Madre y al Padre y Fundador!

Mi nombre es Renata Zanchin,

tengo 18 años y vengo de Frederico Westphalen, RS.

Para mí es una gran alegría comenzar el postulantado en el Instituto Secular de las Hermanas de María de Schoenstatt. Así se cumple un anhelo que hace mucho tiempo llevo en mi corazón.

En su amor misericordioso, Dios me ha llamado de entre muchas otras jóvenes en la cercanía del santuario, a la escuela en la que la Santísima Virgen forma sus instrumentos. A través de mí, Ella quiere descubrirle al mundo sus rasgos y los rasgos de su Hijo. Por eso para mí es un gran regalo comenzar este camino de cumplimiento de la Voluntad de Dios en mi vida.

En mí vive no solamente la alegría de la vocación sino también la alegría de haber podido pronunciar un sí heroico a los planes de Dios y de nuestra querida Madre.

No tengo que preocuparme inútilmente. Desde la eternidad Dios ha previsto y trazado el plan de mi vida. Lo único que preciso hacer es decir: sí.”  (J. Kentenich)

Mi nombre es Wanessa,

provengo de Pernambuco, tengo 19 años y me ha sido dada la gracia de ser postulante de las Hermanas de María.

La inseguridad acerca de mi vocación siempre me intranquilizó, pero yo siempre corrí al fondo el motivo de esta intranquilidad porque le dedicaba todo mi tiempo a mi trabajo como secretaria parroquial y a mi estudio de pedagogía.

Un día fui invitada a visitar el santuario de la Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt en Garanhuns y la Santísima Virgen me atrajo con tanta fuerza  que dediqué mi atención a la pregunta por mi vocación. Particié entonces de algunos encuentros que me ayudaron a reconocer las muestras de amor de Dios y su llamado.

Cuando el Espíritu Santo obra en lo profundo del alma, ésta sabe de un solo anhelo: cumplir el querer del Padre y unirse a su voluntad.” (J. Kentenich)

Entonces me decidí a regalarle mi amor a Dios. Vacilé en renunciar a mis planes, pero el cumplimiento de lo que Él había previsto para mí desde la eternidad se convirtió para mí en lo más importante.

Hoy puedo decir que he encontrado el sentido y la felicidad que anhelaba mi corazón.

Mi nombre es Antônia Menezes,

tengo 26 años y vengo de Cascavel-CE, noreste de Brasil. Soy auxiliar de enfermería.

La alegría de poder ser una pequeña María me ha permitido renunciar a algunas cosas que me parecían muy valiosas. Pero el buen Dios me condujo y un lugar que yo no conocía. Me llamó por mi nombre y me dijo: “Tú eres mía.” Me resultó difícil decir sí a esta vocación porque tenía – aparentemente – otras posibilidades más interesantes. Pero lo arriesgué y dije mi sí a la invitación de Dios. Desde ese momento, Dios me guió y mi vida adquirió un sentido nuevo: la gracia de la verdadera vocación y la alegría de haber encontrado en Jesús el verdadero amor.

Hoy renuevo mi pequeño sí como postulante de las Hermanas de María de Schoenstatt y reconozco que todo lo que he vivenciado hasta ahora – la dificultad y las renuncias, y sobre todo el riesgo de la respuesta – eran necesarios para que se cumpliera en mi vida la  voluntad amorosa del Padre. Él me ha guiado a este lugar de gracias para que en mí se haga la pequeña María.

tengo 21 años y vengo de Garanhuns-PE en el noreste de Brasil, donde estudiaba abogacía.

En el 2016 conocí la comunidad de las Hermanas de María en un encuentro vocacional en el santuario de Schoenstatt. Desde este momento, el carisma mariano, el ser “pequeña María”, me entusiasmó. En el 2017 viví cinco meses con las Hermanas y hoy me alegro de iniciar el camino como postulante de las Hermanas de María de Schoenstatt.

Mi decisión exigió algunas renuncias que me resultaron difíciles, y la interrupción del estudio. Pero entendí que la renuncia era pequeña en comparación con el anhelo que Dios había despertado en mi corazón.

Hoy veo que valió la pena renunciar a las alegrías del mundo para experimentar la verdadera alegría que viene de Dios.

¡Qué hermoso es regalar la vida para algo grande!