16.05.2018

Servicio de visitas en una residencia de ancianos

Hna. M. Katharina Walser, Deutschland

Hace un año que visito regularmente una residencia de ancianos. Siempre llevo conmigo un santuario peregrino. Y tengo la posibilidad de dar la Comunión si hace falta.

Causar alegría

Una vez fui a visitar a una de las ancianas que justamente estaba recibiendo la visita de otra residente. Una tocaba el violín y la otra cantaba en la medida en que aún podía. Las dos estaban muy contentas con esto.

En cierta ocasión visité espontáneamente a otra residente a quien una de las residentes me había encomendado visitar. Al principio la señora se dio muy reservadamente porque no se había predispuesto a esta visita. Pero luego se puso más animada y me contó mucho sobre su vida. Me di cuenta de que le había hecho bien. Ella tenía muchas preguntas y yo la pude ayudar y animar. Al final estaba radiante de alegría y me agradeció de todo corazón. La Santísima Virgen me había guiado hasta aquí para que escuchara a esta señora y le causara un poco de alegría.

Una vivencia fuerte

Una de las residentes, demente, a quien yo solía visitar al principio, se puso cada vez más débil llegando a estar ya moribunda. En una visita le di la Comunión y le pregunté si quería que yo llamara un sacerdote. Lo afirmó. Cuando volví a su habitación, primero no reaccionó cuando le hablé. Como a ella siempre le gustaba tener el santuario peregrino, simplemente se lo di. Entonces se dio un cambio en la mujer. Me tomó la mano, me miró con ojos grandes y radiantes y le habló – no pude entender las palabras – a la Santísima Virgen. Estoy segura de que le dijo cosas importantes.

Algunos días más tarde la volví a visitar. Su hijo, que vive muy lejos, estaba allí visitándola. Entonces le conté de las experiencias con su madre. Se notó que esto le hizo muy bien.

Llevar a María en el santuario peregrino

Una mujer que de repente tuvo que acogerse al cuidado de esta residencia de ancianos y que interiormente no logra aceptarlo, se alegra cuando le dejo unos días el santuario peregrino. Ella está muy vinculada con la capillita y así puede entregarle más fácilmente todo su dolor a la Madre de Dios. Como sabe que sus hijos, en el fondo quieren lo mejor para ella, entonces no se queja de su dolor sino lo sobrelleva en silencio.

Para mí es una tarea hermosa llevar la Virgen Peregrina a los residentes, escucharlos, hablarles y rezar junto con ellos.