14.05.2018

USTEDES SON MI CARTA – 02

de Hna. Gretelmaria Wolff

Emilie Engel

Mater ter admirabilis

 

Datos biográficos

Nacida el 6 de febrero de 1893 en Husten, Sauerland,
fallecida el 20 de noviembre de 1955 en Koblenz-Metternich.

Emilie Engel fue miembro del primer grupo de mujeres que se puso enteramente a disposición de la misión de Schoenstatt mediante una consagración solemne, el 16 de abril de 1925.

El 1° de octubre de 1926 el fundador la designó cofundadora del Instituto de las Hermanas de María de Schoenstatt.

Fue maestra, miembro de la Federación Apostólica de Mujeres, Hermana de María, miembro de la dirección general de las Hermanas de María, educadora y superiora provincial.

Su proceso de beatificación
fue iniciado el 12 de octubre de 1999 en Tréveris,
el 10 de mayo de 2012 el  Papa Benedicto XVI expedió el decreto de reconocimiento de sus virtudes heroicas.

Camino espiritual

Crecida en una familia campesina intacta en Sauerland, Emilie Engel trabajó como maestra en la región del Ruhr y se mostró muy comprometida socialmente. Como joven maestra entró en contacto con Schoenstatt en 1921, casi por casualidad. Esto cambió su vida de manera decisiva. En retrospectiva confesó: “No sabía que María Santísima me había atraído y guiado para, desde este lugar de gracias, ayudarme a liberarme de las angustias de mi alma, por lo cual ya tantas veces le había pedido; no me imaginaba que aquí entraba en una escuela en la que iba a descubrir mi verdadera tarea de vida y en la cual iba a ser preparada para esta tarea” (1925).

Bajo la conducción del P. J. Kentenich fue liberada de su miedo ante Dios y asumió responsabilidad en la tarea de extender la comunidad laical de la Federación de Mujeres de Schoenstatt. En 1926 fue designada por el fundador cofundadora de la comunidad religiosa de las Hermanas de María de Schoenstatt, en aquel entonces, comple­ta­mente novedosa.

No solo exteriormente puso su vida de forma radical al servicio de Schoenstatt sino también se orientó exclusiva­mente en las directivas y en la guía del P. Kentenich durante todo su camino espiritual con sus altos y bajos. El ideal de santidad se convierte en la estrella resplandeciente de su vida: “De manera especial me siento res­ponsable de la santificación de todas … porque entonces, desde nuestra comunidad se expandirá una atmósfera de santidad hacia todo el Movimiento Apostólico, hacia toda la Iglesia y hacia todo el mundo” (1927).

El P. J. Kentenich designó a la Hna. M. Emilie miembro del consejo general de la comunidad y le encomendó la edu­cación de las jóvenes vocaciones. A pesar de estar gravemente enferma de tuberculosis, la nombró superiora provincial. La Hna. M. Emilie fue una mujer cuya juventud estuvo marcada por crisis y angustias anímicas – pero que no se quebró por esto sino que creció en un cobijamiento filial en Dios, asumiendo libremente responsabilidad frente a sí y a los demás.

Según palabras del P. Kentenich la vida de la Hermana M. Emilie da testimonio del amor paternal misericordioso de Dios y de la exactitud y provecho de la espiritualidad de Schoenstatt, la cual puede formar personalidades libres y vigorosas. La Hna. M. Emilie le puede mostrar al hombre de hoy un ideal de santidad que no tiene nada que ver con perfeccionismo sino que hace de las faltas, puntos de quiebre y debilidades un trampolín para saltar a los brazos del “eterno amor misericordioso del Padre”.

Vinculación con el P. J. Kentenich

Poco después del primer encuentro con el P. J. Kentenich, Emilie Engel le pidió que fuera su director espiritual. Él había cumplido justamente 35 años de edad, que era la edad a la que él se había comprometido a esperar para comenzar a atender pastoralmente a las mujeres, por eso aceptó.

Una extensa correspondencia mensual muestra lo que el P. J. Kentenich resumió en retrospectiva de su vida y así caracterizó sus propios roles:

“Las enseñanzas del guía y la vinculación al guía juegan un rol grande, destacado y decisivo desde 1921 en la vida de la difunta.

Relativamente rápido son estas percibidas, afirmadas y realizadas como una vinculación orgá­nica al Padre. La vinculación orgánica al Padre une a nivel de ideas y convicciones y a nivel vital la paternidad de este mundo con la del más allá en una totalidad orgánica. Además de las fuerzas de la gracia que obraron de manera misteriosa, esta es la llave para la comprensión plena de su vida. Fue también el medio del que se valió la bondad y la sabiduría del Padre para protegerla de la amenaza catastrófica de un quiebre corporal-espiritual y llevarla a la cumbre del monte de la perfección. Si, hablando en general, se justifica y se permite deducir del efecto la causa, entonces ésta es una guía extraordinariamente sana” (1955).

Emilie confió inquebrantablemente en la conducción del P. J. Kentenich, recorrió el camino hacia la entrega total y a la santidad como un niño de la mano del Padre Celestial. Observó sus instrucciones con toda fidelidad, aun cuando ya no le pudo preguntar personalmente en los últimos años de su vida. “Jamás olvidemos todo lo que le debemos al Padre …”, son sus palabras de despedida a las Hermanas de su Provincia.

“¡Alabada sea la Divina Providencia en mi vida. Glorificadas sean las misericordias de Dios y de la Madre de Dios! Cantaré la alabanza al amor misericordioso del Padre y de la Madre por toda la eternidad y seré un sacrificio de alabanza de la misericordia … Ahora no le puedo mandar saludos al Padre, pero estaré cerca de él desde la eternidad – y me mostraré agradecida en tanto me lo permita el buen Dios” (1955).

Al final de su vida, la Hna. Emilie encarnó el ideal del santo schoenstattiano, el tipo de mujer caracterizado por el fundador en una carta desde la prisión en 1942, que fue citada en la prédica del entierro de la Hna. Emilie: “No hay nada tan semejante a Dios como una mujer noble, que con noble soltura y sencillo autodominio colmado de Dios llama suyo a este espíritu de la libertad dominada, una Hermana de María, una Hermana de la querida Madre de Dios, así como yo se la quisiera regalar a la Iglesia.”

Esta convicción es compartida por muchas personas. El testimonio del fundador, que poco después de su muerte escribió un estudio de más de 500 páginas sobre su vida, es impresionante: “La Hna. Emilie debe tener un signficado especial para el movimiento femenino. Ella viene de los orígenes de éste. Lo lideró hasta el final de su vida. También encarna – ciertamente según su modalidad propia – la intención más propia de la Familia. …

Ella tenía un sentido extraordinariamente fino por todo lo que, de alguna manera, tuviera que ver con el ser pequeño, el ser niño, la humildad, la confianza y el amor. Gustaba escuchar las palabras que la Sagrada Escritura aplica a la Santísima Virgen: Por ser pequeña fue la que más agradó al Altísimo. Para su oído y su corazón era la música favorita el axioma: Tú eres aquel que realiza las obras más grandes solo a través de los más pequeños y en los más pequeños. O lo otro: un niño es infinitamente capaz de desarrollarse y está abierto para lo divino” (1955).

Quelle: Margareta Wolff, Ihre Herzen haben Feuer gefangen, Schönstatt 2008, ISBN 978-3-00-026075-9