29.01.2018

El Papa en Chile – Días de Dilexit Ecclesiam

de Hna. M. Jimena Alliende, Chile

Entre el 15 y 18 de enero, el Papa Francisco visitó Chile. En la Eucaristía más importante, en Santiago, en un gran parque, las Hermanas de María tuvieron a su cargo la sacristía para el séquito del Santo Padre integrado por 14 obispos y sacerdotes y diáconos acompañantes.  Las Hermanas arreglaron el lugar, una gran carpa, con la imagen de la Madre tres Veces Admirable. Hermanas también participaron en el coro del encuentro con Papa Francisco con los consagrados  en la catedral de Santiago el 16 de enero. El coro estaba formado por sacerdotes, religiosas y consagrados en general.

Testimonio de Sr. M. Beatriz, Chile:

Hace unos meses atrás nos llegó la petición como Comunidad de poder ayudar en la sacristía de los “presbíteros” en la Santa Misa que se realizaría en el Parque O’higgins en Santiago.

En los días previos a la Misa pudimos estar en el lugar mismo, en el Parque O’Higgins, todas las sacristanas- 9 hermanas- para recibir las instalaciones, recorrer y conocer el recinto y sobre todo poner “manos a la obra” en diferentes frentes que pudimos cubrir. Eso es una experiencia muy bonita; cada una dispuesta hacer y colaborar en lo que se necesitara, desde hacer floreros, planchar, ordenar, preocuparse de llevar un vaso de jugo o algo para comer para los guardias, para los organizadores, sacerdotes, seminaristas.

Para mí estos días han sido una gran vivencia de Iglesia. El poder colaborar tan concretamente como lo hemos podido hacer en nombre de nuestra Familia de Hermanas ha sido un inmenso don, una profunda gratitud y alegría al ver una Iglesia viva, alegre, esperanzada, llena de vida y de motivación. Son muchos los laicos que están llevando como un servicio generoso y desinteresado esta visita del Santo Padre en nuestro país. Son personas capacitadas profesionalmente que han puesto al servicio de la Iglesia su formación profesional. En los diferentes turnos de guardias que nos acompañaron y velaron por la seguridad de la zona encontramos personas abiertas a lo religioso para quienes el ambiente en el que fueron sumergidos fue nuevamente un llamado de Dios para acercarse a la iglesia como lo dijo uno, otros simplemente se acercaron a conversar para contar de sus familias, de lo que estaban viviendo en esa situación que más que un trabajo para ellos también fue un honor poder estar allí.

El gran regalo de Dios fue poder saludar al santo Padre en la llegada a la sacristía el día de la Sata Misa en el parque O”higgins. Por supuesto que lo esperamos como todos quienes estaban en ese sector y él, de mutuo propio, se dirigió hacia todos los que lo rodeábamos y nos empezó a saludar. Todas teníamos ese secreto anhelo en el corazón, de poder saludarlo, pero no sabíamos si se iba a hacer realidad o no. El santo Padre cuando nos fue saludando nos dijo: “estas son las que se visten de monjas pero no lo son… y muchas gracias por todo su servicio a la Iglesia” Así experimentamos un gran momento de alegría, nos sentimos plenamente identificadas y muy bendecidas.