18.04.2019

“‘Fijar’ el corazón en el santuario”

de Hna. M. Maren Valentin

100 años de las placas conmemorativas en el santuario original –
125 años de la consagración a María del Padre Kentenich

La Hermana M. Pia ha vuelto a profundizar e investigar, trayendo a luz datos de acontecimientos importantes que hasta ahora no eran conocidos. De allí que un Padre de Schoenstatt la ha caracterizado en broma como un “santo topo”.

En la noche del 12 de abril de 2019 se llevó a cabo en la sala de film repleta de la Casa Padre Kentenich un encuentro con el tema: 100 años atrás: colocación de las placas conmemorativas en el santuario original. La Hermana M. Pia Buesge saludó cordialmente a los participantes. Consideró los acontecimientos de 1919 que tuvieron una especial relevancia para el Padre Kentenich, entre ellos sobre todo la colocación de las placas conmemorativas en el santuario original. ¿Cómo se llegó a esto?

“‘Fijar’ el corazón en el santuario”

La Hermana M. Pia explicó que al inicio de ambas placas se encuentra un proceso vital. Se trata de una experiencia hecha por todos los soldados congregantes en la Primera Guerra Mundial: el santuario en Schoenstatt es nuestro hogar, allí late por nosotros el corazón de la Santísima Virgen María, desde allí Ella nos conduce y nos protege en donde estemos. El amor, la confianza y la gratitud de los congregantes quieren dejar una señal junto a la Madre en el santuario, quieren hacerse visibles. Es una urgencia, una necesidad que el Padre Kentenich describirá más tarde del siguiente modo: “Uno quiere ‘fijar’ su propio corazón en nuestro pequeño santuario.”

Ya desde temprano aparece en diversos aportes de la revista MTA el deseo de erigir un “memorial de guerra” para la Santísima Virgen en el Santuario. ¿Pero, cómo podría ser? Una propuesta era, por ejemplo: Colocar un album de fotos sobre el altar del santuario, bajo la mirada de la Madre. Los soldados congregantes que quisieran, enviaban su foto – preferentemente en uniforme y con la medalla de la congregación puesta – a Schoenstatt, para que fuera colocada en este album. Muchos enviaron su foto. Pronto se añadió un segundo album, un así llamado “album protector” en el que se inscribían los nombres de todos aquellos que se encomendaban especialmente a la protección de la MTA y querían que Ella los protegiera durante la guerra.

Además se desarrolló la costumbre de enviar a Schoenstatt las cruces de hierro recibidas como reconocimiento de una conducta valiente por parte de los congregantes durante la guerra. Ellos eran conscientes de que no podían tener conductas ejemplares por propias fuerzas sino que esto se lo agradecían totalmente a la Madre de Dios. Por eso, estas condecoraciones debían estar en el lugar correspondiente: en el santuairo de la Mater ter admirabilis. Cuando José Engling se arrodilla por última vez en el santuario, ya está allí su cruz de hierro. Primero se colocan estas cruces en una caja en el santuario, más tarde se las cuelga en la pared en una tabla recubierta con felpa.

12. April 2019100 años atrás …

Culminada la guerra, se realiza en Schoenstatt una celebración de reencuentro, el 27 de abril de 1919, durante la cual se bendice y se descubre una placa de mármol en el santuario como  “memorial de guerra” permanente. En esta placa se encuentran los nombres de los 109 soldados congregantes que pertenecían a la organización externa de Schoenstatt durante la guerra. También están los nombres de los caídos, marcados con una crucecita y ordenados por grupos y secciones. El Padre Kentenich quería expresamente que no se omitiera ningún nombre de esta placa. Se trata, en definitiva y en lo más profundo, de una placa de honor para la MTA, quien supo proteger y valerse de sus instrumentos incluso en la guerra. En el verano de 1919 se colocan en su lugar definitivo, en la otra pared lateral del santuario, las cruces de hierro sobre una placa de madera.

… y hoy

En enero de este año, 2019, se limpiaron y pulieron ambas placas ya que se renovó el santuario original. La Hermana M. Vanda relató sobre este acontecimiento. Ella y la señora Hug, con un trabajo sacrificado y minucioso, lograron hacer resplandecer nuevamente la placa de la pared de la derecha. Los nombres, que apenas se podían leer, fueron marcados otra vez en dorado.

El Padre Kentenich habló varias veces acerca de estas placas. Algunas citas ponen de manifiesto qué significado le daba él a éstas. Resumiendo se puede decir: placas conmemorativas contienen el mensaje de nuestra Alianza de Amor totalmente schoenstattiana.

La placa con los nombres en el lado derecho es expresión de nuestra haber sido elegidos por la Santísima Virgen, para ser inscritos en su corazón, colmándonos Ella de su amor y brindándonos su protección. Sobre esta placa se podría escribir: Nada sin Ti, María!

La placa con las cruces de hierro del lado izquierdo nos estimula a dar la respuesta de amor: Nada sin nosotros!

Un punto culminante que nos moviliza

Este encuentro en la Casa Padre Kentenich tuvo una segunda parte: en este día se cumplían 125 años desde que el Padre Kentenich se consagró a la Santísima Virgen siendo un niño de ocho años. La Hermana M. Pia invitó, por ello, a encaminarnos en silencio hacia la estatua de María expuesta en la Casa Padre Kentenich. Se creó una atmósfera profunda entre los participantes que cantaron la canción: “Dios te salve, María, por tu pureza conserva puros mi cuerpo y mi alma…”. Esta oración la formuló el Padre Kentenich ya siendo joven y la rezó toda su vida. El Padre Biberger se dirigió a la Santísima Virgen con una oración en la que nos trasladaba al acontecimiento de aquel entonces en la capilla del orfanato en Oberhausen. Agradeció que esta consagración se haya convertido en la fuente de la Alianza de Amor. Con la renovación en común de la Alianza de Amor y la bendición sacerdotal culminó esta celebración tan profunda.