02.11.2018

Rumania: ¡aquí venimos!

de Hermana Erika-Mária Bukovics

El 27de septiembre de 2018 llegó la Hna. Erika-Mária como segunda Hermana a Timisoara, Rumania. Junto con la Hna. M. Böbe trabajará por la extensión del Movimiento de Schoenstatt en Rumania. Allí hay muchos puntos de partida para extender Schoenstatt, por lo que da verdadera alegría trabajar aquí.

Desde el 1° de octubre ambas Hermanas trabajan en la pastoral de la diócesis de Timisoara que cuenta con 70 parroquias. La Hna. M. Böbe trabaja en la pastoral en los siguientes campos:  pastoral familiar, catequesis para adultos, trabajo con los jóvenes, horarios de oficina ofreciendo la posibilidad de conversaciones con adultos, etc. y en la extensión del Movimiento de Schoenstatt.

La Hna. Erika-Mária trabaja en la diócesis en la pastoral juvenil, concretamente: forma grupos de jóvenes, preparara a jóvenes para ser dirigentes de jóvenes, ofrece formación en el trabajo con jóvenes a sacerdotes y colaboradores laicos de las parroquias, participa en otras ciudades de encuentros juveniles de varias diócesis, prepara eventos para jóvenes y ofrece horarios de oficina para conversaciones personales con juventud. Entre sus tareas también cuenta visitar niñas húngaras una vez por semana en el internado Gerhardinum, ofreciéndoles reuniones de grupo, momentos de oración y actividades creativas, como también diálogos personales. Cada semana se lleva a cabo un encuentro húngaro y un encuentro rumano con estudiantes. Además, cada primer domingo de mes se celebra una santa Misa para jóvenes, y cada tercer jueves se ofrece un momento de adoración al Santísimo, organizada por la misma juventud. Y ella se empeña también por la extensión de la Juventud Femenina de Schoenstatt.

La Hna. M. Böbe y la Hna. Erika-Mária nos dicen algunas palabras sobre sus experiencias en su patria:

Hermana M. Böbe:

“Mi mayor alegría en este momento es la Academia Familiar de Schoenstatt en Rumania, la cual es guiada por una familia de Hungría, por un sacerdote y por mí misma. Durante dos años, siete familias de Rumania acudieron a la Academia Familiar de Schoenstatt y ahora, en otoño, tienen lugar los exámenes. Es admirable cómo han crecido unidos profundamente los matrimonios durante este tiempo. Hemos percibido y vivenciado muchos milagros y la conducción de Dios, por los cuales simplemente nos asombramos y agradecemos. Sobre todo me alegran las familias que, al comienzo, solo querían hacer algo por su vida matrimonial, pero ahora quieren continuar y ayudar a otras familias apoyando la vida matrimonial. Nos gustaría comenzar con un grupo nuevo, para lo cual contamos con la ayuda de las familias que están ahora tan encendidas.”

 

Hermana Erika-Mária:

“Es simplemente maravilloso volver a casa después de 14 años en Alemania, a pesar de que me he encariñado mucho con la gente de Alemania. Rumania realmente tiene grandes expectativas de nosotros, pero nuestras fuerzas son realmente demasiado pequeñas y nuestro tiempo es muy limitado. Tendríamos tantas ideas y, sin embargo, también tenemos que estar atentos a la realidad del país. Nuestro caso no es fácil, porque a menudo tanto o el padre o la madre como los jóvenes están en el extranjero para ganar dinero. También sentimos que la fe no siempre está en primer plano y que la gente prefiere recrearse antes que ir a la iglesia. Tampoco en nuestro caso es fácil cobijar a la gente hondamente en la fe. Como en muchos otros lugares del mundo, en Rumania tenemos que recorrer nuevos caminos para encontrar a algunas personas que no están en las iglesias, sino en cualquier lugar donde tengamos oportunidades, ya sea en la calle, en el tren, en el tranvía… Pero espero y confío mucho en que nuestro Padre y nuestra Reina nos ayuden eficazmente.

Por supuesto, estamos muy contentas de que, gracias al compromiso del obispo y de los sacerdotes, se estén llevando a cabo muchas ofertas religiosas en la diócesis, de modo que la gente tenga la oportunidad de sacar provecho de la fe para superar los desafíos de sus vidas.  El multilingüismo dificulta un poco más nuestro trabajo, porque en los eventos a menudo tenemos que hablar tres idiomas -rumano, húngaro y alemán- o incluso más, porque en Timisoara conviven varias naciones. Por otro lado, también nos enriquece.

Estoy muy impresionada por la manera en que nuestra joven generación en Rumania, que no tiene ni mucho tiempo ni mucho dinero, quiere llevar a cabo proyectos sociales porque desea ayudar a los pobres, a los enfermos, en nuestra diócesis.

El miércoles por la tarde me reúno con un grupo de estudiantes rumanos llamado “Jubilate”. Este grupo quería emprender grandes proyectos sociales, pero juntos decidimos empezar con pequeños proyectos. En diciembre, organizamos una celebración de San Nicolás para los niños pobres, donde los niños también recibirán regalos. Actualmente estamos buscando patrocinadores. Los jóvenes a menudo no tienen una situación fácil en nuestro país, pero quieren realizar algo GRANDE en sus vidas.

Es importante que no nos dejemos llevar por el número de personas que asisten a nuestras reuniones, sino que nos alegremos por cada persona que viene a nosotros para hacer algo por su vida religiosa.

Cada semana está bien llena para nosotras, pero estoy muy contenta. Se puede sentir claramente que la Mater ter admirabilis y el Padre Kentenich están trabajando y nos apoyan activamente. Agradecemos las muchas oraciones que nos acompañan silenciosamente. Dios necesita a cada uno de nosotros. ¡Y nosotros lo acompañamos!”