07.12.2017

¿Qué tienen en común los radiadores y las violetas de los Alpes?

de Hna. M. Linda Wegerer, Alemania

Las postulantes durante sus días de formación en la Casa Marienland

¿Qué tienen en común los radiadores y las violetas de los Alpes?

Esta pregunta la contestaron las cinco postulantes que se reunieron en la Casa Marienland, en el Monte Schoenstatt con ocasión de sus días de formación llevados a cabo del 13 al 15 de noviembre del 2017. Las cinco jóvenes, provenientes de Alemania, Hungría, Austria y las Filipinas, comenzaron su postulantado en agosto del 2017 en Schoenstatt/Alemania. Este es un tiempo en el que profundizan su decisión de ser Hermanas de María de Schoenstatt y conocen más de cerca a la comunidad.

Buscando huellas en la vida diaria

“Ambas cosas son un mensaje de Dios”, esta es la respuesta de las postulantes a la pregunta planteada más arriba. El radiador transmite algo del “amor cálido” de Dios. La planta nos dice que Dios quiere que florezcamos y demos fruto. Descubrir la providencia amorosa de Dios en la propia vida es un asunto interesante. Y es algo que practicó mucho el fundador, Padre Kentenich. Y esto no solo en las situaciones sobresalientes de la vida, sino en la vida cotidiana normal. Si se aguzan para ello los sentidos interiores y exteriores, entonces también las cosas nos hablan de Dios. Así las postulantes encuentran muchos mensajes de Dios en su recorrida por la Casa Marienland.

Descubrir la Providencia de Dios en la propia vida

¿No sería lindo que cada una le contara a las demás cómo la Divina Providencia la guió hacia el santuario de Schoenstatt? Sí, a todas les gustaría contarlo. Porque más allá de las cosas, lo más interesante son los caminos de la vida de cada persona. Y entonces Hazel, Verena, Orsi, María y Lea cuentan sus experiencias en el cuarto dedicado a la “Selva Negra” en la Casa Marienland.

Para una, el primer encuentro con el lugar de gracias en Schoenstatt la marcó de tal modo, que allí reconoció su vocación a ser Hermana de María. Otra “creció” con el santuario de Schoenstatt, por decirlo así. Pero todas saben que el hogar que han encontrado en Schoenstatt es la base de su vocación. Confiando en la Alianza de Amor con la Santísima Virgen continúan ahora su camino en la comunidad de las Hermanas de María de Schoenstatt.

Apostolado vivido

En la Casa Marienland queda de manifiesto que las Hermanas de María son una comunidad apostólica. En esto las postulantes están de acuerdo. La casa tiene el sello de las comunidades (también llamadas “ramas”) femeninas del Movimiento de Schoenstatt, es la sede de las mismas. Entonces no hay que aprender de memoria toda la estructura de Schoenstatt puesto que aquí simplemente se la puede vivenciar.

La hermana M. Margarete, que trabaja hace treinta y dos años en la secretaría de la rama de mujeres y madres de Schoenstatt, es una buena fuente para conocer esta realidad. En su oficina hay muchas cajas apiladas, ya que deben ser enviados miles de artículos – como cada año en esta época. Pero precisamente esta es la atmósfera en la que la hermana M. Margarete se siente bien.

“No se crean que aquí me amargo. A mí me gusta mucho este trabajo. ¡Es mi apostolado de Schoenstatt!”, así le dice a las postulantes. Y ellas hacen la experiencia de que la hermana siempre tiene ante la vista a las personas, en medio de su trabajo: porque abandonan la oficina habiendo recibido regalos, ¡también materiales!

Estos días de formación sobre los mensajes fundamentales de Schoenstatt se terminan pronto. Al final se encuentra la gratitud reforzada por poder creer y porque Dios quiere que florezcamos.